Huacachina se lleva casi toda la atención cuando se habla de Ica, pero la ciudad y su valle guardan mucho más que dunas. Aquí nació buena parte de la tradición del pisco peruano, hay haciendas centenarias, museos con piezas milenarias y una gastronomía que merece su propio capítulo. Si tienes un día o una tarde libre, Ica te sorprenderá. En esta guía te contamos qué hacer más allá del oasis.
Ica, tierra de pisco y vino
Si hay algo que define a Ica es su tradición vitivinícola. El valle es uno de los grandes productores de pisco y vino del país, y visitar sus bodegas es la mejor forma de entender esa herencia. Una visita típica incluye un recorrido por los viñedos y las instalaciones, la explicación del proceso de elaboración y, por supuesto, la degustación de piscos, vinos y cachinas.
Hay bodegas para todos los gustos. Entre las más emblemáticas está Tacama, cuyos orígenes se remontan a 1540 y que es reconocida como una de las viñas más antiguas de Sudamérica; su hacienda colonial y sus amplios viñedos son toda una postal. Otra parada clásica es Vista Alegre, con más de siglo y medio de historia. Y para conocer el lado más tradicional, las bodegas artesanales como El Catador, Nietto o Lazo muestran cómo se elabora el pisco a mano, conservando técnicas de antaño. La bodega Lazo, además, guarda en su antigua cava un curioso museo con piezas de colección de distintas épocas.
Un dato práctico: la mayoría de bodegas están a pocos minutos de la ciudad, y muchas cierran los lunes, así que conviene planificar la visita. Recorrer una bodega por la tarde y cerrar el día viendo el atardecer desde las dunas es una combinación que funciona de maravilla.

Catas de pisco y vino: una experiencia para los sentidos
Más allá del recorrido, la cata es el corazón de la visita. En ella pruebas las distintas variedades de pisco, desde el puro hasta el acholado, además de vinos y la tradicional cachina, un mosto dulce muy iqueño. Los guías explican cómo apreciar cada bebida y cuál es la diferencia entre unas y otras, lo que convierte la degustación en una pequeña clase sobre la bebida bandera del Perú. Es una experiencia ideal para llevarte un recuerdo con sabor y, de paso, algunas botellas para casa.

Cultura e historia en la ciudad
Ica también tiene un lado cultural que vale la pena descubrir. El Museo Regional de Ica es su gran referente, con colecciones que abarcan desde las culturas prehispánicas Paracas y Nazca hasta la época colonial; sus textiles, cerámicas y fardos funerarios ofrecen un viaje al pasado de la región. En el centro de la ciudad, la Plaza de Armas, sus iglesias y el ambiente tradicional invitan a un paseo tranquilo para conocer el Ica de siempre.

Naturaleza y alrededores
El valle de Ica es un oasis fértil rodeado de desierto, y esa geografía deja paisajes muy bonitos. Los viñedos extensos, la campiña iqueña y las zonas rurales cercanas son perfectos para quienes disfrutan del entorno natural y quieren ver otra cara de la región, más allá de las dunas. Muchos recorridos por bodegas atraviesan justamente estos paisajes de campiña.
Gastronomía iqueña: qué probar
No te vas de Ica sin comer bien. La cocina local es sabrosa y contundente, con platos como la carapulcra con sopa seca, un emblema iqueño que combina papa seca guisada con un tallarín especiado. Y para el dulce, Ica es famosa por sus tejas y chocotejas, bombones rellenos de manjar y frutos secos que se han vuelto un souvenir imperdible. Los dulces iqueños, junto con el pisco, son de esos sabores que uno recuerda mucho después del viaje.
Lugares recomendados para visitar en Ica
- Bodega Tacama, la hacienda vitivinícola más antigua, con viñedos y recorrido histórico.
- Bodega Vista Alegre, tradicional y con más de 150 años de historia.
- Bodegas artesanales como El Catador, Nietto o Lazo, para ver la elaboración a mano.
- Museo Regional de Ica, con piezas de las culturas Paracas y Nazca.
- Plaza de Armas y centro histórico, para un paseo por la ciudad.
- La campiña iqueña y sus viñedos, ideales para disfrutar el paisaje del valle.

Cuándo ir y cuánto tiempo dedicarle
Con medio día puedes combinar una bodega con el atardecer en las dunas; con un día completo, sumas un museo, el centro y una buena comida iqueña. Si tu viaje coincide con marzo, coincidirás con la temporada de la vendimia, cuando algunas bodegas recrean el tradicional pisado de uva, una experiencia especial. Ten presente que varias bodegas cierran los lunes, así que organiza tu visita en función de eso.
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