Antes de salir hacia la fortaleza de los dos cuernos conviene saber a qué se enfrenta el cuerpo. La caminata tiene fama de exigente, aunque su dificultad depende de varios factores: la ruta que se elija, la altitud, el estado físico de cada uno y las condiciones del día. Aquí se detalla cada elemento para llegar preparado.
Nivel de dificultad general
La travesía se considera de dificultad moderada. No hace falta experiencia técnica ni equipo de escalada, pero sí una condición física razonable y ganas de caminar varias horas por terreno irregular. Quien suele hacer actividad al aire libre la afronta sin mayores problemas; quien lleva una vida más sedentaria la notará más demandante.
Factores que influyen en la exigencia
La altitud
El principal desafío no es la pendiente, sino la altura. El recorrido transcurre por encima de los 4.000 metros, donde el aire tiene menos oxígeno y cualquier esfuerzo se siente amplificado. Una cuesta que a nivel del mar sería sencilla aquí obliga a detenerse a recuperar el aliento. Por eso la aclimatación previa pesa tanto como la preparación física.

La distancia y el desnivel
Según el punto de partida, el tramo a pie cambia en longitud y desnivel. La ruta por Sangarará implica una caminata más larga, con bajadas y subidas que se notan sobre todo en el regreso. La ruta por Huayqui acorta el trayecto y resulta más llevadera para quienes buscan menor esfuerzo.
El tipo de terreno
El sendero combina tramos planos de pastizal con secciones de subida pedregosa. No hay pasos peligrosos ni exposición al vacío, pero el piso irregular exige atención y un buen calzado. En temporada de lluvias el terreno se vuelve resbaladizo y aumenta la dificultad.
Cuánto dura la caminata
El tiempo de marcha oscila entre una y tres horas por sentido, según la ruta y el ritmo del grupo. A eso se suman las pausas para descansar, hidratarse y sacar fotos. En conjunto, la parte a pie puede ocupar buena parte de la jornada.

Preparación física recomendada
No hace falta ser atleta, pero llegar con algo de entrenamiento marca la diferencia. Caminatas previas, ejercicio cardiovascular en las semanas anteriores y, sobre todo, unos días de adaptación a la altura en Cusco preparan mejor al cuerpo. Avanzar a paso constante y sin prisa es la mejor forma de completar el recorrido con energía.
Cómo afrontar el mal de altura
El soroche puede aparecer como dolor de cabeza, fatiga o falta de aire. Para reducir el riesgo conviene aclimatarse antes, hidratarse con frecuencia, comer ligero y evitar el alcohol la noche previa. Muchos caminantes toman infusión de hoja de coca, muy usada en la zona para sobrellevar la altura. Si los síntomas son fuertes, lo prudente es descansar y, si continúan, descender.
Quiénes pueden hacerla
La caminata es apta para adultos con buena salud general y disposición para caminar. No se recomienda para personas con problemas cardíacos o respiratorios sin autorización médica, ni para quienes nunca han estado a gran altitud sin un periodo previo de adaptación. Niños y adultos mayores activos pueden completarla siempre que avancen a su ritmo y cuenten con acompañamiento.
Consejos para una caminata más llevadera
Salir temprano permite caminar con temperaturas frescas y evitar el sol fuerte del mediodía. Repartir el esfuerzo, hacer pausas breves y mantener una respiración pausada ayuda a rendir mejor. Contar con un guía que conozca el ritmo adecuado y el trazado del sendero aligera la experiencia, sobre todo para quien enfrenta por primera vez una caminata a esta altura.
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