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Cómo es el paso por el Abra Salkantay (experiencia real)

Cómo es el paso por el Abra Salkantay (experiencia real)

Jesus
19 abril, 2026
12 min de lectura
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El Abra de Salkantay es el momento que define el trekking que lleva su nombre. No es solo el punto más alto del recorrido a 4,630 metros: es el lugar donde el paisaje cambia de escala, donde el cuerpo trabaja de una forma que pocas experiencias replican y donde la mayoría de quienes lo han cruzado sitúan el instante más intenso de los cinco días. Pero lo que realmente ocurre en ese paso, hora a hora desde que suena el despertador hasta que el grupo llega al campamento del otro lado, rara vez se describe con la precisión que merece. Esta guía lo hace.

La noche antes: lo que conviene preparar

El cruce del Abra de Salkantay se hace en el segundo día del trekking, y lo que ocurre la noche anterior en el campamento de Soraypampa determina en gran medida cómo se vive la jornada. La preparación de la mochila de día, la ropa del amanecer y el estado de carga de la linterna frontal son tres elementos que conviene dejar resueltos antes de meterse en el saco de dormir.

La temperatura en Soraypampa durante la noche puede bajar varios grados bajo cero en cualquier época del año. Los participantes que duermen con la ropa del día siguiente dentro del saco de dormir para que esté caliente al ponérsela a las 4:00 de la mañana hacen algo que parece excéntrico hasta que lo prueban. La diferencia entre vestirse con ropa que ya tiene algo de calor corporal y vestirse con ropa helada de mochila en la oscuridad es pequeña en términos absolutos y muy grande en términos de comodidad y estado de ánimo al inicio del día más duro del recorrido.

La cena del primer día en Soraypampa es también más importante de lo que parece en ese momento. El organismo va a necesitar combustible durante varias horas de ascenso con poca recuperación posible entre el desayuno temprano y la llegada al paso. Comer bien la noche anterior es parte de la estrategia del segundo día.

Opcionalmente, los viajeros también pueden pernoctar en los domos de Salkantay de IPT (Incredible Peru Tours), una alternativa cómoda y especial para descansar en un entorno natural único antes de continuar la experiencia.

domos de Salkantay de IPT (Incredible Peru Tours)
domos de Salkantay de IPT (Incredible Peru Tours)

El despertador: entre las 4:00 y las 5:00 de la mañana

La salida del campamento de Soraypampa para el cruce del Abra ocurre habitualmente entre las 4:30 y las 5:30 de la mañana, dependiendo del operador y de la época del año. En los meses de mayor insolación, la salida puede ser algo más tardía porque el amanecer llega antes. En los meses más fríos del año, la salida temprana tiene además el objetivo de cruzar el paso antes de que el viento gane intensidad con el calentamiento del glaciar a media mañana.

El desayuno se sirve antes de la salida, habitualmente a partir de las 4:00 de la mañana. En ese momento, el comedor del campamento o el espacio habilitado por el equipo de cocina está iluminado con linternas y produce un contraste acogedor con la oscuridad y el frío del exterior. La mayoría de participantes come más de lo que el apetito de esa hora pide, porque el guía y el cocinero han explicado la noche anterior que ese desayuno es el combustible de las próximas cuatro o cinco horas.

Los primeros kilómetros: oscuridad, linternas y el Salkantay que se adivina

El inicio de la caminata hacia el Abra se hace con linternas frontales encendidas. El sendero sale del campamento por terreno de pastizal y asciende por la ladera del circo glaciar en zigzag, con una pendiente que en los primeros tramos es moderada y que se va pronunciando progresivamente a medida que se gana altitud.

En la oscuridad previa al amanecer, el nevado Salkantay no se ve sino que se adivina: una masa oscura más oscura que el cielo que ocupa todo el horizonte norte y que crece visualmente a medida que el sendero se acerca. Las estrellas en ese momento, con la contaminación lumínica completamente ausente y la atmósfera de la alta montaña limpia y seca, tienen una densidad que la mayoría de participantes no ha visto nunca desde el nivel del mar. Varios grupos del Salkantay describen esos primeros kilómetros en oscuridad como uno de los momentos más silenciosamente hermosos de los cinco días.

El ritmo en este tramo debe ser conscientemente más lento de lo que el terreno parece exigir. La altitud ya supera los 4,000 metros antes de que el sendero llegue al tramo más pronunciado, y el cuerpo trabaja con menos oxígeno disponible del que está acostumbrado. El guía marca el paso desde el principio y la recomendación es seguirlo sin intentar adelantar o mantener el ritmo de los más rápidos del grupo.

Nevado Salkantay

El amanecer sobre el glaciar: la secuencia de colores

Entre los 4,000 y los 4,400 metros de altitud, dependiendo de la velocidad del grupo y de la hora exacta de salida, ocurre el amanecer sobre el glaciar del Salkantay. Es uno de los momentos visuales más intensos del recorrido y el que más cambia en función de las condiciones del cielo.

En los días despejados, el proceso es el siguiente: el horizonte comienza a aclarar con un gris azulado que progresivamente vira hacia el rosa y el naranja. Cuando los primeros rayos del sol tocan la cima del nevado, la nieve se ilumina con un tono anaranjado cálido que dura pocos minutos antes de que la luz del pleno día cambie el color a blanco. El glaciar en ese momento, visto desde el sendero de ascenso a menos de un kilómetro de línea recta, produce una imagen que ningún filtro fotográfico mejora porque la realidad ya tiene la saturación que cualquier edición posterior intentaría añadir artificialmente.

En los días con nubes bajas, el proceso es diferente pero no menos impactante. La niebla que envuelve el paso en esas mañanas se mueve con el viento y crea ventanas de visibilidad intermitentes: el glaciar aparece durante treinta segundos y desaparece durante tres minutos, el sendero se vuelve y se deja de ver según la densidad de la nube y el caminante avanza dentro de un entorno que parece cambiar de dimensión en cada tramo. Para quien tiene la disposición correcta, esa versión del ascenso al Abra es fotográficamente tan valiosa como la de cielo despejado, aunque exige más paciencia y más tolerancia a la incertidumbre visual.

El tramo final de la subida: los últimos 500 metros antes del paso

Los últimos 500 metros de ascenso antes del Abra de Salkantay son los más exigentes de toda la jornada y los que más diferencian a quienes han llegado bien aclimatados de quienes no. El terreno se vuelve más irregular, con bloques de roca y en algunos tramos morrena glaciar que obliga a buscar el apoyo del bastón con más frecuencia. La pendiente es pronunciada y el esfuerzo de cada paso requiere una respiración más consciente y pausada que en los tramos anteriores.

En ese tramo, el comportamiento habitual de los grupos es que cada persona encuentra su propio ritmo y la distancia entre los más rápidos y los más lentos se amplía. El guía habitualmente sube con los que van más despacio para asegurar que nadie quede sin acompañamiento en el tramo de mayor altitud. Los que llegan primero a la cima esperan al resto antes de iniciar el descenso, y ese momento de reunión del grupo completo en el paso tiene su propio peso emotivo.

Los síntomas de mal de altura leve son habituales en este tramo para la mayoría de personas: dolor de cabeza moderado, respiración más entrecortada de lo usual y una fatiga que no guarda proporción con la distancia caminada. Son señales normales de la respuesta del organismo a esa altitud y no indican necesariamente que algo vaya mal. Lo que sí requiere comunicación inmediata al guía es cualquier síntoma más intenso: mareo, náuseas persistentes, desorientación o sensación de presión en el pecho.

En la cima del Abra: lo que se ve y lo que se siente

Llegar al Abra de Salkantay a 4,630 metros es una experiencia que cada persona procesa de forma distinta. Hay quien llega con euforia visible, quien llega en silencio buscando el primer sitio donde sentarse, quien saca la cámara antes de haber terminado de recuperar el aliento y quien simplemente se queda mirando el paisaje durante varios minutos sin hacer nada más.

En el paso, el glaciar norte del Salkantay está a menos de un kilómetro de distancia en línea recta. La pared de hielo y roca que forma la cara norte del nevado ocupa toda la perspectiva al norte. Al sur, el valle que el sendero va a descender se abre en profundidad, con el paisaje cambiando de forma visible desde el verde oscuro de los primeros arbustos hasta el azul del cielo en los días despejados. En todas las direcciones, si las condiciones lo permiten, hay cadenas de montañas nevadas hasta el horizonte.

El viento en el Abra puede ser muy fuerte y la temperatura sensible baja varios grados respecto a la temperatura real. Detenerse más de diez o quince minutos en el paso sin actividad física hace que el cuerpo enfríe rápidamente. La chaqueta impermeable y los guantes que venían en la mochila son necesarios desde el momento en que el ritmo de ascenso se detiene, no diez minutos después.

Amanecer en abra Salkantay

El descenso: la otra cara del segundo día

El descenso desde el Abra de Salkantay hasta el campamento de Chaullay es la parte del segundo día que más subestima la gente que se ha preparado solo para la subida. El desnivel negativo acumulado en el descenso supera los 1,500 metros a lo largo de varias horas de bajada continua, con el terreno variando desde la roca de la zona glaciar hasta el sendero de tierra húmeda de los valles inferiores.

En los primeros tramos del descenso, el terreno de morrena glaciar exige atención constante sobre dónde se pone el pie. No hay riesgo técnico pero sí un tipo de caminata sobre superficie irregular que requiere los bastones de marcha activos en todo momento. A medida que el sendero baja y la vegetación comienza a aparecer, el terreno se suaviza pero la pendiente puede seguir siendo pronunciada en algunos tramos.

Las rodillas son el punto de mayor atención en este descenso. Las personas sin experiencia previa en bajadas largas de montaña suelen notar el impacto articular a partir de la segunda hora de descenso, especialmente si no han usado bastones desde el inicio. El paso corto y controlado, con el talón bien apoyado antes del antepié en cada zancada, reduce ese impacto de forma significativa respecto a bajar con pasos largos y apresurados.

El campamento de Chaullay, donde termina la jornada del segundo día, se alcanza habitualmente entre las 2:00 y las 4:00 de la tarde. La diferencia de temperatura entre el paso del Abra y ese campamento, a unos 2,800 metros de altitud, puede superar los quince grados en el mismo día. El calor de los valles de transición después de las horas de frío del paso produce un contraste que el cuerpo recibe con alivio y que la cena del equipo de cocina aprovecha de forma especialmente efectiva.

Chaullay

Lo que los participantes recuerdan del Abra años después

Cuando se pregunta a personas que han hecho el Salkantay Trek cuál es el momento que más recuerdan del recorrido completo, la mayoría menciona el Abra de Salkantay. No siempre el momento de la cima: a veces es la salida en oscuridad con las linternas, a veces el amanecer sobre el glaciar a mitad del ascenso y a veces la primera visión del valle al sur desde la cima con el paisaje completamente diferente al que había en el norte.

Lo que esos recuerdos tienen en común es la densidad: en pocas horas de caminata, el segundo día del Salkantay acumula más experiencias físicas, visuales y emocionales distintas que la mayoría de días de viaje completo en cualquier otro destino. Esa densidad es lo que hace que el Abra de Salkantay no sea solo un punto geográfico en un mapa sino una referencia que permanece.

¿Quieres cruzar el Abra de Salkantay con la preparación correcta y los guías que conocen cada tramo del recorrido? En Incredible Peru Tours operamos el Salkantay Trek con equipamiento de campo completo, guías especializados en la ruta y la logística resuelta para que puedas enfocar toda la energía en vivir el paso.

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