El Salkantay Trek no es solo una ruta hacia Machu Picchu. Es un corredor biológico que en cinco días atraviesa varios de los ecosistemas más ricos y distintos que existen en los Andes peruanos. Desde la puna glaciar del campamento base hasta los valles subtropicales de Santa Teresa, el recorrido pasa por zonas donde la vida vegetal y animal cambia de forma radical en pocas horas de caminata. Para quien tiene el ojo entrenado para observar el entorno mientras camina, cada tramo del Salkantay ofrece algo diferente que no se repite en ningún otro punto de la ruta.
Esta guía describe la flora y la fauna característica de cada etapa del recorrido, ordenada por ecosistema y altitud, con información sobre las especies más representativas y los mejores momentos del día para observarlas.
La puna glaciar (3,900 a 4,630 metros): vida en el extremo
El ecosistema de puna que rodea el campamento base de Soraypampa y el paso del Abra de Salkantay es el más austero del recorrido en apariencia, pero también el que más sorprende a quien se detiene a observarlo con atención. A más de 4,000 metros de altitud, con temperaturas que caen bajo cero por la noche y una radiación solar intensa durante el día, la vida ha desarrollado estrategias de adaptación que no tienen equivalente en ningún ecosistema de menor altitud.
La planta más característica de esta zona es la paja ichu (Stipa ichu), la gramínea dorada que cubre las laderas de la puna con ese color amarillo pálido que se vuelve casi luminoso cuando el sol de la tarde la ilumina de costado. El ichu no es solo paisaje: es el principal recurso forrajero para las llamas y alpacas que pastan en estos valles, y su sistema de raíces profundas es lo que mantiene el suelo de la puna cohesionado frente a la erosión del viento y el deshielo.
Entre las rocas de los tramos más elevados crece la yareta (Azorella compacta), una planta cojín de color verde intenso que puede tardar cientos de años en alcanzar el tamaño de una pelota de fútbol. Su forma compacta y densa le permite conservar el calor interno incluso cuando la temperatura exterior baja drásticamente. Es una de las plantas más antiguas de los ecosistemas andinos de alta montaña y una de las más difíciles de ver sin saber reconocerla.
En el entorno de la laguna de Humantay aparecen también flores silvestres de colores inesperadamente intensos para esa altitud: el chinchircuma (Mutisia acuminata), con sus pétalos anaranjados y rosados, y varias especies de gentiana de color azul profundo que crecen entre las rocas del circo glaciar. Estas flores son el resultado de una adaptación que concentra los pigmentos para atraer a los polinizadores en períodos de floración muy cortos.
En cuanto a la fauna, el animal más icónico de la puna andina y el más difícil de ver con claridad es el cóndor andino (Vultur gryphus). Con una envergadura de hasta tres metros, es el ave voladora más grande del hemisferio occidental y uno de los animales más representativos de toda la región del Cusco. Los avistamientos en el entorno del Salkantay no son frecuentes pero tampoco excepcionales: los termales de las laderas del nevado generan columnas de aire ascendente que los cóndores aprovechan para planear sin esfuerzo durante horas. Las primeras horas de la mañana y las últimas de la tarde son los momentos de mayor probabilidad de observación.
La vicuña (Vicugna vicugna), el camélido andino más delgado y más ágil de los cuatro que existen en Sudamérica, aparece con cierta frecuencia en los pastizales de altura del primer y segundo día. Su pelaje es de un color canela claro con manchas blancas en el pecho, y su silueta sobre el fondo verde del ichu es uno de los contrastes visuales más limpios que ofrece el paisaje de la puna. A diferencia de las llamas domésticas, las vicuñas son silvestres y se alejan del sendero con rapidez al percibir la presencia humana, por lo que la observación desde distancia es siempre mejor que intentar acercarse.

El bosque nuboso de transición (3,000 a 3,900 metros): el cambio visible
En el descenso desde el Abra hacia los valles intermedios, la vegetación comienza a cambiar de forma perceptible en cada tramo de bajada. A partir de los 3,500 metros aproximadamente, los pastizales de ichu van siendo reemplazados por los primeros arbustos y matorrales de altura, y entre los 3,000 y los 3,500 metros aparece el bosque nuboso de transición, uno de los ecosistemas más ricos en biodiversidad de los Andes.
En este tramo del descenso del segundo día, los musgos y líquenes comienzan a cubrir las rocas y los troncos de los primeros árboles con una densidad que refleja la humedad permanente de esa zona. El árbol más característico de este piso altitudinal es el polylepis (Polylepis sp.), conocido localmente como queñoa, con su corteza rojiza y fibrosa que se desprende en láminas y que tiene una capacidad de supervivencia en altitudes extremas sin equivalente entre los árboles del planeta. Los bosques de polylepis que sobreviven en los valles más protegidos del Salkantay son uno de los ecosistemas más amenazados de los Andes por la deforestación histórica de la zona.
En los tramos de vegetación más densa de este piso, el oso de anteojos (Tremarctos ornatus) tiene presencia documentada aunque los avistamientos directos son excepcionales. Es el único oso nativo de Sudamérica y uno de los mamíferos más esquivos de los ecosistemas andinos. Las huellas sobre el barro del sendero y las marcas en los troncos de los árboles son las señales más frecuentes de su presencia en la zona. El guía con experiencia en la ruta puede identificar esas marcas y explicar el rango de hábitat de este animal en los diferentes tramos del recorrido.
Las aves de este piso altitudinal son especialmente llamativas para quienes prestan atención durante la bajada. El quetzal resplandeciente (Pharomachrus mocinno) tiene presencia en los bosques nubosos de la región, aunque su avistamiento requiere mucha paciencia y algo de suerte. Más frecuente es el gallito de las rocas (Rupicola peruvianus), el ave nacional del Perú, con su plumaje naranja intenso que contrasta con el verde del bosque y que durante la época de apareamiento realiza despliegues visuales que son difíciles de olvidar cuando se tienen la oportunidad de presenciarlos.
El bosque subtropical y los valles del café (1,800 a 2,800 metros): la mayor biodiversidad
El tercer y cuarto día del Salkantay Trek transcurren por la zona de mayor riqueza biológica de todo el recorrido. A altitudes entre 1,800 y 2,800 metros, en los valles que descienden hacia Santa Teresa, la temperatura cálida, la humedad alta y la diversidad de microhábitats crean las condiciones para una biodiversidad que rivaliza con la de cualquier zona de selva tropical del continente.
Las orquídeas son la familia vegetal más representativa de este tramo. La región del Valle Sagrado y sus afluentes hacia el sur alberga más de trescientas especies distintas de orquídeas, muchas de ellas endémicas de esa franja altitudinal específica. En el sendero del tercer día es frecuente encontrar orquídeas creciendo directamente sobre la corteza de los árboles o entre las rocas del camino, en tamaños que van desde flores diminutas de pocos milímetros hasta plantas de gran porte con flores de varios centímetros. La temporada húmeda, de noviembre a marzo, es el período de mayor floración y el que ofrece mayor diversidad visible de estas plantas.
Las bromelias, con sus rosetas de hojas rígidas que acumulan agua de lluvia en su interior creando pequeños ecosistemas autónomos, cubren las ramas de los árboles en los tramos de vegetación más densa del tercer día. Algunos de esos depósitos de agua en el interior de la roseta albergan huevos y larvas de insectos, pequeños anfibios y hasta cangrejos de río miniatura que completan su ciclo de vida sin necesidad de acceder al suelo. Son microecosistemas dentro de otro ecosistema, y su observación de cerca revela una complejidad que la escala del paisaje no permite intuir.

Los helechos arborescentes, con sus frondas que pueden alcanzar varios metros de longitud, aparecen en los tramos más húmedos y sombríos del valle y producen una atmósfera visual de bosque primigenio que contrasta radicalmente con la austeridad del campamento de Soraypampa del primer día. Algunas de las especies que crecen en estos valles son prácticamente idénticas a las que aparecen en el registro fósil del Carbonífero, hace más de 300 millones de años. Esa continuidad evolutiva, visible en un arbusto al borde del sendero, es uno de esos datos que cambian la forma de ver el paisaje cuando se conocen.
En cuanto a la fauna del tramo subtropical, las mariposas son los animales más visibles y los más abundantes. En los tramos soleados del sendero del tercer día aparecen con frecuencia las morfos azules (Morpho sp.), cuyas alas de color azul metálico iridiscente son una de las imágenes más impactantes del recorrido para quien no las había visto nunca. Las mariposas de la familia Heliconidae, con sus patrones de color rojo y negro sobre fondo oscuro, son igualmente frecuentes y fáciles de fotografiar porque tienden a posarse con las alas abiertas en las hojas soleadas del borde del sendero.
Los tucanes (Ramphastos sp.) se escuchan antes de verse en estos valles: su llamada característica, parecida a un gruñido ronco y repetitivo, anuncia su presencia en los árboles más altos antes de que el ojo pueda localizarlos entre el follaje. Cuando aparecen, el contraste entre el pico enorme y de colores vivos y el cuerpo compacto negro produce una impresión que ningún libro de naturaleza transmite con exactitud. Los avistamientos son más frecuentes en las primeras horas de la mañana, cuando estas aves se mueven entre los árboles frutales del valle buscando alimento.
Los pericos de montaña (Aratinga mitrata) aparecen en grupos ruidosos en los tramos de mayor altitud del tercer día. Su vuelo en bandadas, con los gritos que se escuchan desde lejos, añade un elemento sonoro al paisaje que en los primeros días del recorrido, en el silencio de la puna, no existía. La transformación acústica del recorrido, del silencio casi absoluto del Abra a la riqueza sonora de los valles subtropicales, es uno de los cambios más llamativos del Salkantay Trek y uno de los que menos se mencionan en las guías convencionales.

El margen del río Urubamba (cuarto día): un corredor de vida
El cuarto día del recorrido, con el sendero siguiendo el margen del río hacia Aguas Calientes, tiene su propia identidad biológica. El corredor fluvial del Urubamba en ese tramo es uno de los más ricos en avifauna de toda la región del Cusco, con especies asociadas al agua y a los taludes rocosos de las orillas que no aparecen en ningún otro punto del recorrido.
El martín pescador amazónico (Chloroceryle amazona) es frecuente en las orillas del río, con su característica postura inmóvil sobre una rama sobre el agua antes de lanzarse en picado para capturar peces. El torrent duck o pato de los torrentes (Merganetta armata) es otra especie que aparece con cierta regularidad en los tramos de aguas más rápidas del Urubamba, nadando con una habilidad en la corriente que resulta asombrosa dado el caudal del río en esa zona.
Los loros de montaña (Pionus tumultuosus) sobrevuelan el cañón en grupos pequeños durante las primeras horas del cuarto día. Sus llamadas se amplifican con las paredes del cañón y llegan al sendero antes de que las aves sean visibles. La densidad de vegetación en las paredes del cañón hace que muchas de las especies presentes en esa zona sean más audibles que visibles, lo que convierte ese tramo en una experiencia especialmente interesante para quienes tienen hábito de identificación de aves por el canto.
Consejos para observar mejor la flora y la fauna en el recorrido
- Camina en silencio en los tramos de bosque. La mayoría de animales del recorrido detecta la presencia humana principalmente por el sonido. Un grupo que camina sin hablar en voz alta y sin música tiene exponencialmente más probabilidades de avistamientos directos que uno ruidoso.
- Las primeras horas de la mañana concentran la mayor actividad de aves y mamíferos. La salida temprana del campamento del segundo y tercer día coincide con el período de mayor actividad de la fauna en todos los ecosistemas del recorrido.
- Pide al guía que identifique las plantas y animales del camino. Los guías con experiencia en el Salkantay conocen las especies más representativas de cada tramo. Aprovechar ese conocimiento durante la caminata añade una dimensión al recorrido que no aporta ningún libro.
- Lleva prismáticos ligeros si el peso lo permite. Para la observación de aves en los valles subtropicales y en los tramos del cuarto día junto al río, los prismáticos marcan la diferencia entre ver un punto de color en una rama lejana y ver el detalle del plumaje de un gallito de las rocas.
- No recojas plantas ni alimentes a ningún animal. El equilibrio de estos ecosistemas es más frágil de lo que parece, y las interacciones no controladas entre los visitantes y la fauna local tienen consecuencias que se acumulan con el número de grupos que pasan por el sendero cada temporada.
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